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De como a veces es mejor lo roto

Ayer me puse a pensar un poco en el concepto de "La grieta", que es como le llaman en mi país los medios a la supuesta división ideológica que atraviesa a los argentinos. Este concepto siempre para mi fue un poco absurdo, si bien en muchas cosas podemos coincidir, en el ámbito ideológico la existencia diferencias irreconciliables es algo que suele pasar. Claramente cuando se plantea que hay una grieta, o una división se esta hablando de ideas de izquierda y de derecha. La narrativa de la grieta propone que estas diferencias son de alguna manera antinaturales y que un consenso es posible.

Cosas rotas, cosas sanas

Cuando pienso en una grieta se me viene indudablemente la idea de un objeto, más aún de un objeto roto, partido. Nuestra forma, tradicionalmente binaria, de ver la vida nos indica que cuando hay algo roto hay que arreglarlo. Lo roto no sirve, en cambio lo entero, funcional y completo es evidentemente útil y por algún motivo asumimos que es bueno. Es decir que nuestra sociedad actualmente agrietada existe porque existe también una sociedad entera con un pensamiento homogeneo.

El tiempo

Pero la pregunta es, la grieta no siempre existió. Las cosas no aparecen agrietadas, o rotas. Por lo general primero son enteras, luego se parten. Entonces me surje a mi la pregunta, ya que hoy supuestamente estamos partidos ¿Cuándo estuvimos completos? ¿Durante los 90? ¿Los 80? ¿Los 70?

Me arriesgaría a decir que lo que propone la narrativa de la grieta es un pensamiento único, y hegemónico. Cuando ya no creemos en dioses ni mundos ideales nos damos cuenta que las sociedades tienen "grietas" naturalmente y los enteros no existen cuando de sociedad hablamos. Entonces allí entendemos lo que implica el cierre de una grieta, si bien ya no es posible eliminarla, es posible eliminar la parte que quedó más allá y asegurar que la parte que quedo, los de nuestro lado, son el entero.

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